El historiador entrerriano Fermín Chavez señalaba que «si Cultura es Poder, Cultura Nacional es Poder Nacional», en consonancia con ello, creemos que en la coyuntura actual es necesario trazar una Estrategia de Desarrollo «Pensada en Provincial», capaz de industrializar Entre Ríos.
Con
energía a bajo costo de Salto Grande, con puertos al servicio de la industria, una
logística multimodal competitiva y una política inteligente de seducción de
inversiones privadas nacionales e internacionales, estaremos en condiciones de
crear una nueva «Matriz Productiva» para nuestra “Provincia Rebelde”.
Ahora, si lo que pretendemos es “Hacer Estrategia”, el
primer paso será recurrir al “Conocimiento Histórico”, un saber fundamental dado
que nos proporciona el marco para comprender las dinámicas sociales pasadas y
cómo se podrían proyectar a la realidad actual, si el mismo sirve de Inspiración e Influencia.
La
Inspiración podría estimular nuestro comportamiento, en tanto que la Influencia
tiene que ver con un determinado grado de conexión con quien nos influye. Por
ello, creemos que, en primera instancia, debemos comprender cómo pensamos y
sentimos los entrerrianos.
La Entrerrianía: una forma de ser y vivir
En
el segundo de los tres tomos de “La Provincia Rebelde”, su autor, el Dr. Augusto
Alasino nos ayuda a comprender la ENTRERRIANÍA como “una forma de ser, vivir
y actuar la vida igual para hombre y mujeres de Entre Ríos”.
Según señala Alasino, “Entre Ríos desde su origen
colonial fue un territorio pretendido por sus vecinos del Este y del Oeste; orientales y santafesinos. Tal vez por su origen
de depender según sea de la costa Este u Oeste, de Montevideo o Santa Fe, siempre
bajo el tutelaje del Sur: Buenos Aires. A ambos extremos geográficos:
Este y Oeste, continentes separados por una ínsula… La ambicionaban y
pretendían, los Orientales o los Occidentales; los del Sur, ambicionaban
administrarla y someterla a ellos para ser un punto de observación, defensa
o resistencia para los riesgos de su territorio, que avizoraban inminentes o
remotos”.
El
autor continúa en su análisis y nos deja las características de esa
ENTRERRIANÍA: “no estaba en los planes de ninguno de sus vecinos que, desde
esta gran isla, surgiera una tipología, una genealogía humana y política a la
que su situación de aislamiento le exigía y le demandaba ser distinta. Su
monte lo hacía arisco, montaraz… sus ríos y sus arroyos serenos y calmos, “rezongaba”
el viento, se volvían como el río, indómitos, rebeldes, indomables. Eran
prudentes, sensatos, alegres y joviales. A la provocación, al desafío, al reto
se transformaban sin importarles el lugar, el terreno o la zona en valientes,
temerarios, imprudentes e instintivos”.
El Dr. Alasino amplía sobre cómo el territorio influyó sobre
los entrerrianos, “su geografía les permitía moverse libremente, a pié, a caballo o en chalana, si percibían esa
libertad de movimiento, de locomoción en riesgo, no dudaban en defenderlo con
ferocidad y atacar como salvajes… El amor por su estilo y forma de vivir lo
hacía galante, libre, alegre, amistoso, entregado a hacer favores, “gauchadas” bailar
su música y no ir adonde no lo invitaban”.
En cuanto a los entrerrianos y su perspectiva respecto de los estados que rodeaban a su “isla”, el autor de la “Provincia Rebelde”, aclara, “le importaba poco el glamour de Buenos Aires. Las veleidades aristocráticas de Santa Fé, las distinguidas maneras de Córdoba o las pretensiones cívico culturales de Montevideo”.
De esta forma sintetiza a la ENTRERRIANÍA como un “rasgo distintivo de Entre Ríos, que ninguna
otra provincia o jurisdicción lo disfruta. Esta forma de ser y de vivir la vida
es igual para hombres y mujeres de Entre Ríos. Si algo les molesta, lo dicen;
si algo les gusta, lo consienten, lo toleran y lo actúan. Así de fácil”.
El Sentir Federal: Libertad y Autonomía.
En
tal sentido, nos indica que hombres y mujeres de aquel momento luchan por tres
valores fundamentales de los caudillos entrerrianos: a) La Libertad (la
liberación); b) La Autonomía (la soberanía); La Igualdad (la justicia)”.
Además, señala en su libro que “esa escala de valores,
sumado a la libertad de los entrerrianos en el comienzo de sus pueblos originarios, la
geografía – esa gran ínsula- aislada y protegida por los grandes ríos fueron
las que contribuyeron a definir un sentimiento de independencia que después
mutó en un sentir FEDERAL”.
Aunque
el entrerriano medio no alcanzaba a saber o a entender todo lo que implicaba un
sistema federal o confederal de gobierno, Alasino aclara: “sin
embargo, se siente Federal ¿Por qué? Porque ser Federal es ser libre,
es ser autónomo. Libre de patrones o tutores. Y ésta será siempre a
bandera, el lábaro, el gallardete, el banderín de ésta ínsula: la AUTONOMÍA”.
Por ello, el autor concluye que “defender su
AUTONOMÍA, la idea de independencia por sobre todo otro valor es su permanente
actitud innegociable” y así, aclara: “a quien no lo entienda, se
le hace saber “por las buenas o por las malas”, Saben de ello
Artigas, Pueyrredón, Tagle, Rodríguez, Rosas, Lopez, Mitre, Sarmiento y en el
siglo pasado, Justo, con la rebelión de los Kennedy en La Paz”.